Escaparé, pero volveré a ti cuando haya cumplido mis sueños. Me iré, pero de nuevo me enterraré entre tus brazos cuando haya alcanzado mis metas. Espérame mientras tanto, que, aunque soy egoísta, podré quererte entonces.
Y no me mires ahora, que mis ojos no te dirán la verdad. Y no esperes oírme una palabra, que ni siquiera sabré susurrar. Te diré que no te quiero, te diré que no me duele dejarte ir. Pero diga lo que diga siempre volveré a ti.
Trepando por tus caderas con los dedos, me enganché en tu cintura, y escalando por tu espalda encontré, tras los secretos de tu oído, todos tus miedos.
martes, 27 de septiembre de 2011
sábado, 3 de septiembre de 2011
A veces, el mundo se me cae encima.
A veces, y no se cómo decírtelo, se me viene el mundo encima. Todas esas personas que creíste importantes se van apartando, y te dejan sola. Las mentiras forman parte de tu rutina, y no sabes cómo manejar la situación. Dónde solo había cabida para una sonrisa, ahora lo llena el odio y el rencor. Perdona... ¿te importaría levantarme el mundo? Se me ha caído a los pies... Desde el día en que tu amor se convirtió en juego sucio, desde el día en que sus canciones dejaron de ser para mí, o desde el día en que la rivalidad estúpida cegó la amistad que supuestamente había entre nosotros. Dejadme tranquila, que solo quiero descansar.
jueves, 1 de septiembre de 2011
Indecisión, es mi decisión.
No busques un por qué a mis decisiones precipitadas. A veces corro demasiado, me apresuro a contestarte, y después paro y reflexiono y me doy cuenta de que tenía otras opciones, que, aunque probablemente más dolorosas, eran a la larga más acertadas. Y me repito una y otra vez " te vas a estrellar" pero qué importa, si la decisión ya está tomada. Ya he comenzado a andar un camino. Hay días en los que tu amor me mata, otros me llena, y la mayor parte del tiempo, cuando me correspondes, me sobra. Es posible que pienses que estoy loca, que no tengo ni idea de lo que quiero o necesito. Permíteme, amor mío, que puntualice. Se lo que quiero, pues te quiero a ti; Se lo que necesito, porque eres tú. Pero te quiero aquí, y te necesito aquí. Lo que nos separa, a veces se hace más grande que el propio amor, y me paraliza. Otras en cambio me hace más fuerte. Pero la fuerza de mis pensamientos se hace efímera,y entre tanto, el miedo sigue acortando mi tiempo de vida.
martes, 30 de agosto de 2011
Supongo que está demasiado de más
Que te diga lo mucho que te quiero, lo tantísimo que eres para mí, o las ganas que tengo de abrazarte y estar contigo. ¿cantas con la luz apagada? No importa, no temo la oscuridad. Yo me tumbo a tu lado, en ese frío suelo que habitas, y te escucho, escucho tu melódica voz. Voy a contarte una pequeña historia, de esas que tanto te gustan.
Samantha salió a dar un paseo, una calurosa tarde de un mes de agosto que tocaba ya su fin. La música resonaba en su cabeza, la que salía de los auriculares y entraba en su alma. Canción tras canción cantaba para sus adentros y se emocionaba, canción tras canción con sus finos labios apretados, haciendo de vez en cuando un tímido amago de entonar las letras en voz alta, que inmediatamente iba a ser ahogado en un leve mordisco en la comisura de su boca. Aunque había tratado de trazar una línea diferente con sus pies al caminar, de nuevo el mismo lugar, el mismo barrio, pero no la misma gente. En la estación de tren de la ciudad, nunca había la misma gente. Unos venían, otros se iban... Otros se iban...¿a dónde iban los que se iban? Quizá hacían un largo viaje, quizá iban a encontrarse con sus seres queridos...
Giró la cara, instintivamente, para no leer el letrero inofensivo, que tanto daño le hacía al anunciar las llegadas y las partidas de los trenes. Al hacerlo, se le asomó por el rabillo del ojo la imagen enternecedora de dos amantes, que, en la puerta de ese nostálgico lugar, se besaban. Despacio, juntando sus labios en un vals, sin timidez, sin reprimir las ganas que ambos tenían de intercambiar una muestra de amor que, parecía, les llenaba al completo, y los unía en uno solo. Dos lágrimas solitarias cruzaron a la carrera sus mejillas, y ella no logró comprender por qué. Hasta que cayó en la cuenta de lo lejos que tenía a Paul, pero, sin embargo, las pocas horas que podía tardar en estar en sus brazos, si se subía a uno de esos trenes, y cruzaba el cielo hasta el paradero de su amante.
Samantha salió a dar un paseo, una calurosa tarde de un mes de agosto que tocaba ya su fin. La música resonaba en su cabeza, la que salía de los auriculares y entraba en su alma. Canción tras canción cantaba para sus adentros y se emocionaba, canción tras canción con sus finos labios apretados, haciendo de vez en cuando un tímido amago de entonar las letras en voz alta, que inmediatamente iba a ser ahogado en un leve mordisco en la comisura de su boca. Aunque había tratado de trazar una línea diferente con sus pies al caminar, de nuevo el mismo lugar, el mismo barrio, pero no la misma gente. En la estación de tren de la ciudad, nunca había la misma gente. Unos venían, otros se iban... Otros se iban...¿a dónde iban los que se iban? Quizá hacían un largo viaje, quizá iban a encontrarse con sus seres queridos...Giró la cara, instintivamente, para no leer el letrero inofensivo, que tanto daño le hacía al anunciar las llegadas y las partidas de los trenes. Al hacerlo, se le asomó por el rabillo del ojo la imagen enternecedora de dos amantes, que, en la puerta de ese nostálgico lugar, se besaban. Despacio, juntando sus labios en un vals, sin timidez, sin reprimir las ganas que ambos tenían de intercambiar una muestra de amor que, parecía, les llenaba al completo, y los unía en uno solo. Dos lágrimas solitarias cruzaron a la carrera sus mejillas, y ella no logró comprender por qué. Hasta que cayó en la cuenta de lo lejos que tenía a Paul, pero, sin embargo, las pocas horas que podía tardar en estar en sus brazos, si se subía a uno de esos trenes, y cruzaba el cielo hasta el paradero de su amante.
domingo, 28 de agosto de 2011
Quiero tocarte
Podría pedir, puestos a demandar, muchas cosas en referente a ti. Podría pedirte una noche con estrellas, agarrados de la mano, tumbados sobre la hierba, y que me señalaras cada una de ellas y dijeras: "ninguna se parece a ti"
Podría pedirte un atardecer desde un claro, donde poder abrazarnos y que nadie nos vea, donde el fulgor del sol poniente acariciase nuestros besos.
Podría pedirte mil escenas románticas, pero ninguna de ellas valdría la pena...Si no puedo tocarte. ¿De qué me vale que me cuentes las estrellas, de qué me sirve que me beses bajo un sol que se escapa de nuestras miradas, de qué, si no te puedo tocar...?
Yo solo quiero tu mano sobre mi mano, y que no exista el mundo, vayamos donde vayamos.
No me importa si es o no amor infinito, para siempre. No me importa cuanto dure , o si nace y muere. Sólo quiero probarte...
Que llenes el vacío que crece en mi pecho día a día, que cures la herida, que salives mis cicatrices..
Todo lo que necesito es... Tu amor, solo un instante.
martes, 23 de agosto de 2011
No hay camino~
No existe un camino al andar, sino el camino que hacemos con nuestros pies. Yo ando sobre un sendero de piedra, con mis pies descalzos, tú andas de igual modo sobre un sendero de hierba fresca, recién cortada. Y aunque mis pies pisan donde más duele, y el camino que no existe, sino al andar, que he de trazar es aparentemente más duro; también será mayor la recompensa. Ven a caminar a mi lado, prometo no cogerte de la mano. Sólo finge ser feliz, mientras estos cuerpos inertes, fríos, se clavan en las plantas de tu andar. Tal como yo hago. Ven y camina a mi lado, prometo no agobiarte, prometo no hablarte. Seré como una brisa de verano, acompañando tus pisadas, sin estorbarte.
domingo, 21 de agosto de 2011
#Facetas#
Son partes de mi imposibles de entender. De pronto te abro los brazos y te acuno en mi regazo, y de pronto prefiero estar sola y mal que bien acompañada. ¿Por qué? Y que se yo, si no me comprendo a mi misma. Y ahora que quiero coger tu cara entre mis manos y besarte hasta que salga de nuevo el sol, con los ojos cerrados, por si sale muy temprano y me aparta pronto de ti su luz,
que la oscuridad tras mis párpados me sirva como excusa para mantenerme aferrada a ti. Y a veces rehuyo tu mirada, porque me ruborizo al encontrarme con su calor, y sin embargo, hay momentos en los que es para mí lo más agradable del mundo poder acunarme en ella
Y cantarte, con mi mala voz, y mi pésimo don para la música, una canción al oído, que te quedes dormido, y poder acariciarte sin que me veas, porque suena más bonito cuando cierras los ojos. A veces despilfarro todo mi romanticismo para decirte cuatro frases cursis que describan mis sentimientos, y a veces con un gesto, siento que me basta.
Son facetas, simples y completas, todas mías. Las mil maneras de decirte que te quiero, y las otras tantas de hacértelo saber sin soltar palabra. Mis malos humores, mis cambios de temperamento, todo eso que me construye.
¿Y qué más da? Sigo siendo yo, quien te ama, esté del humor que esté, decida hablar o decida callar, quiera abrazarte o quiera ignorarte durante un rato. Y es que contigo, consigo ser yo misma, en cada momento, en cada lugar, en cada palabra y en cada gesto. Soy como una cámara de fotos, y tu eres el carrete.
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