Tengo miedo de que se me haya ido la lengua. Miedo de haber hablado demasiado alto, demasiado claro, o demasiado, sin más. Tenía que decírtelo; quería darte un beso. Agarrarte de las manos, sentir tu calor, que me saques otras tantas sonrisas sin pedirme permiso. Quiero que las horas parezcan minutos otra vez, mientras bromeamos y reímos bajo un cielo de invierno, en una tarde fría, con las mejillas encendidas y la piel fría. Quiero que parezca todo un sueño, como ayer, cuando rodeaste mi hombro con tu brazo, y caminamos uno al lado del otro, mientras contenía mis ganas de abrazarte y me conformaba con agarrarme a tu cintura. Repitamos otra vez, como si no hubiera habido una primera ocasión, y hagamos esta perfecta, a nuestra manera. Ábreme la puerta, déjame entrar, deja que quiera cuidar de ti, sin saber que eres tú quien vela por mí. Déjame que te regale mis días, mis noches, tardes enteras pegada a ti, sin dejar que durante un insignificante segundo dejen de estar en contacto tu piel y mi piel. Permíteme convertirte en el aire que respiro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario