Trepando por tus caderas con los dedos, me enganché en tu cintura, y escalando por tu espalda encontré, tras los secretos de tu oído, todos tus miedos.
lunes, 22 de diciembre de 2014
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Dicen que cuando estás a punto de morir, en un segundo pasan por tu mente las imágenes de toda tu vida, las más importantes. Quizá una parte de mí iba a morir esa mañana; te vi a mi lado en el cine, mirándome por el rabillo del ojo, te vi sonreír con esa característica dulzura tuya que sabe abrazarme cuando ni siquiera estás a mi lado, ví tus ganas en unos segundos recorrerme el cuerpo y hacerlo arder con tu calor, vi un beso de tus labios que definitivamente se apagaba eclipsado por el dolor.
Estaba segura de que podría seguir viviendo, porque nadie muere cuando pierde a quien quiere, al menos físicamente no; pero no estaba tan segura de que podría volver a mirarte cada día sin lamentarme, y que ello me llevara poco a poco a la pena, y la pena paulatinamente se convirtiera en la costumbre de vivir por no poder dejar de respirar. Sin embargo y aunque ya había perdido cualquier esperanza que tuviera, tal y como las gotas de lluvia de la noche anterior resvalaban por los cristales de mi ventana te dejaste caer. Gracias infinitas una vez más al universo por traerte conmigo, gracias infinitas a ti por no querer perderme, por querer hablarme, aun con la voz tan quebrada, por querer mirarme, aun albergando tanta decepción en los ojos. Estoy segura de que todavía sigues sin entender que si te herí fue porque me importas, aunque no sea una excusa, que de no quererte habría simplemente dejado pasar el tiempo intentando hacer que el día a día fuera menos incómodo, dándome igual lidiar con tu ausencia, porque ésta no supondría nada para mí.
Si me sentí morir cuando desperté pensando que te había perdido, no hay quien pueda darle término al sentimiento de ver el daño que te hice, fue tan profundo que podía oír platos rotos en mi pecho cuyos añicos se me clavaban tan lentamente como tu pronunciabas las palabras.
No podría haberte sido más sincera cuando dije que lo sentía, no podría haberlo dicho más alto y claro que en un susurro rasgado de mi voz, no podría por la simple razón de que aquello que a ti te dolía, me dolía también a mí, y en este caso tu decepción se me volvía en contra para apuñalarme por la espalda.
En aquel momento podría haber hecho tantas cosas por sacarte una sonrisa que ni siquiera sabría enumerarlas. ¿por qué no las hice? No me creía con derecho a hacerte feliz, pues no hay nada más maravilloso en este mundo que verte reír, y el mérito de que yo forme parte de tu felicidad no es mío, sino tuyo que me has regalado un lugar en ella.
Ni nada más increíble que tú, ni nada más exquisito que tu espalda desnuda bajo mis dedos, entre mis labios o sujetando mi peso.
No creo que seas realmente consciente de lo que te quiero, de lo que demostraste en ese momento y todo lo que supuso para mí; no creo que realmente entendieras que nunca ha habido nadie como tú, que ojalá no lo haya nunca.
martes, 29 de abril de 2014
"que siempre esté hablando, no significa que siempre sepa lo que digo"
Pero también es cierto que podría haberte querido como quizá nadie volvería a hacerlo. Me hubiera encantado que me miraras y sonrieras, orgulloso de tenerme a tu lado, de que fuera tu niña, o algo parecido. Quizá algún día habría aprendido a decirte las cosas a la cara, superando mi miedo a parecerte cursi, o a que supieras lo que siento. Por ti habría superado las críticas de la gente, ese no entender por qué no paramos de discutir pero seguimos en pie, juntos; habría hecho que cada vez que peleáramos y volviéramos a resolver nuestras diferencias, sintieras que había valido la pena una vez más. Que cada vez que me pusiera histérica y desquiciada y empezase a gritar como una energúmena, me dieras un beso y me hicieras callar. Quedarme despierta acariciándote hasta que te durmieras todas las noches y despertarme antes que tú por las mañanas para hacerte el desayuno y ponerme guapa para ti, e incluso ocuparme de tus asuntos cuando tú no pudieras, y hasta cuidarte en invierno cuando te pusieras malo.
Aunque, si no quieres lo mismo que yo, será mejor que te marches para siempre, porque cada vez que nos odiamos y hacemos las paces, me vuelvo un poco más loca por ti, me gustas más todavía... Y a este paso acabaré por perder la cabeza, y por enamorarme hasta las trancas, y eso no lo soportaría si te fueras a ir.
En momentos como este me acuerdo de ti. Cuando estoy mala y no puedo ni reír desearía tenerte a mi lado para que me sacaras una sonrisa, o para sacarla yo sola mirando cómo te humedeces con la lengua los labios. Como cuando me voy a dormir y parece que aún antes de haber apagado la luz todo se ha vuelto más oscuro, como un cielo encapotado, como un día gris al borde del acantilado. No necesito recordarlo todo, solo a ti. Lo mucho que me gustaría ahora estar paseando contigo de la mano, o quizá me bastaría con pasear y que caminaras a mi lado. Pararnos en algún rincón a besarnos, a contarnos con miradas lo que no dicen los labios. Jugar a acariciarnos, yo a rozar tu nuca con mis dedos, y tú a poner a prueba mi aguante mordiéndome el cuello. No necesito ningún momento especial para pensar en ti, porque te has colado por alguna grieta diminuta que no supe reconstruir, para roerme las entrañas, para comerme el corazón y demostrarme que no puedo resistirme a tus encantos.
"somos muy distintos" dijiste. Me costó entenderlo, bueno, asumirlo, porque entenderlo lo entendí muy bien desde el principio. Solo bastaba con atender a tu actitud, a tus palabras, a la ausencia de interés que ponías a mis problemas, ausencia que sigue latente. No somos distintos, en realidad somos más parecidos de lo que nuestros gestos dicen, pero tú eres egoísta y yo demasiado generosa contigo. No buscábamos lo mismo aunque dijeras que sí, sigo enfadada contigo aunque intente entenderte, no lo hacía... No lo hago. "¿no querías intentarlo?, déjame intentarlo. Te prometo que se acabarán las discusiones, los líos, puedo cambiar" estaba dispuesta a olvidarme de cualquiera que no me brindara tus besos, si a cambio ibas a estar tú en su lugar. Cuando alguien te importa realmente, cuando quieres intentarlo con esa persona, llevarlo a cabo, adelante de cualquier manera posible, aprendes a perdonar, a olvidar, a dar otra oportunidad. Pero tú no me la diste, y es más, me hiciste creer que era mi culpa, que yo era la paranoica, la desquiciada. Eran tus mentiras otra vez. Amores de un rato hay demasiados, para eso no te necesitaba a ti. Quería una historia sin finales, o con finales lejanos, algo que me enseñara a aceptar que sentir amor está bien. No quieres escribir esa historia, y aunque dices que si, solo intentas, como siempre, lavarte las manos y salir ileso de esta guerra tan larga. ¿después qué? ¿volverás dentro de otro par de años a decirme que quieres estar conmigo? Crees que soy tu botiquín de emergencia. Pero ahora ya lo entiendo, ahora ya no voy a seguir llorando por algo que tú me vendiste como real.Les regalas una noche y al final del revolcón escuchas "es sólo sexo". Asientes y te callas, en parte te parece bien porque así evitas enamorarte de un idiota, menos ralladas de cabeza, menos preocupaciones. Vivir la vida al máximo y sin pensar en nada ni en nadie. Entonces te llaman frívola, dicen que juegas con los hombres y que no sabes querer. De pronto un día te piden amor, te prometen que todo irá bien, que valdrá la pena arriesgar. Hasta que te la clavan por la espalda y te dejan hecha una mierda. Quieren juego y se lo das: te critican. Quieren amor y se lo das: te rompen en pedazos. Entonces, ¿qué coño esperas de mí? ¿una relación sexual duradera?
He de decirte que no te necesito. Para buscar respuesta a tus teorías imposibles, mejor me leo los apuntes de filosofía, que aunque esos autores tengan siglos, los entiendo mejor que a ti. Si quiero cambiar significados simples por palabras complicadas, descifrar frases sin sentido, mejor estudio para mis exámenes, que al menos esos me dan aprobados. Para preocuparme ya tengo a mi familia, que además está ahí para apoyarme, no como otros...Pasar el rato se hace divertido con mis amigos, y si no, me pongo una peli, que el final no cambia lo que el trailer había prometido. ¿escribir? tranquilo, igual que escribía sobre lo mucho que te quiero, puedo escribir también sobre lo idiota que eres. Ahora, si no te importa, voy a seguir con mi vida, esa que ni tú ni nadie puede hundir. No te molestes en llamar si ves que pone "ocupado".
martes, 7 de enero de 2014
Sudadera vieja.
No había regalo más grande que pudiera imaginarme que despertarme por las mañanas y al darme la vuelta encontrarle ahí a mi espalda, tan dormido que le colgara hasta la baba, desnudo o vestido, hasta eso me daba igual. O que me durmiera cada noche, él que sabe cómo hacerlo, y me curara así el insomnio. Yo no quería ser como las demás, no quería que sintiera conmigo lo que podía haber sentido con otra chica. Quería que se diera cuenta de que por mucho que llegaramos a discrepar lograríamos arreglarlo, que yo siempre iba a estar ahí a su lado, hasta que él dejara de quererlo. Yo buscaba sus gestos obscenos, sus comentarios de desprecio, de aprecio, de risa, de amargura, de nostalgia. Quería darle la oportunidad de que fuera mi escudo, mi espada, mi amante y mi amigo; todo eso... todo eso sólo para hacerle sentir seguro, para demostrarle que puede conseguir lo que se proponga. Todo eso, al fin y al cabo, para deshacerle de todos sus miedos y enseñarle que, si quería, podía brillar.
Caminaba por una calle que había quedado desierta, o casi desierta, a causa de la lluvia. Alguien, a lo lejos, me preguntó
- ¿qué hace una chica como tú en un sitio como este a estas horas de la noche, y sola?
Se que suena típico, de novela quizá; se que ese es el título de una canción vieja que ha sido versionada en ocasiones por grandes de la música. Pero os juro que fue eso lo que dijo. Miré hacia él, entrecerrando los ojos, para constatar que, ciertamente, no le conocía. Al principio tuve miedo de un desconocido, mi madre siempre me dijo que en ocasiones como esa me alejara caminando deprisa como si no hubiera oído nada. Sin embargo, si esa noche lluviosa hubiera seguido el consejo de mi madre no estaría donde estoy ahora y cómo estoy ahora; no escribiría esta historia, porque no habría historia. Esperé a que él se acercara, porque se acercó, mirándole aún confusa. No recuerdo bien qué respondí, pongamos que dije:
- pasear, ¿y tú?
Él sonrió, parecía satisfecho de algo. Se encogió de hombros y contestó de nuevo, en voz baja:
- Vengo del cine
No se qué película había ido a ver, no me acuerdo aunque le pregunté. Ni se tampoco si tomaba la misma dirección que yo o si cambió su itinerario entonces. Aquella noche no hubo huracán, ni la siguiente, ni las consecutivas, y casi un año después seguía sin haber huracán. Pero aún así compartíamos pedacitos de nuestros días cuando nos sentíamos mal o cuando simplemente teníamos ganas de compartirlos entre nosotros.
Teníamos un acuerdo para haber hecho tal gilipollez. Más que un acuerdo era un miedo: miedo a dejarnos llevar y ser derrotados por las ganas que íbamos acumulando, miedo a saciarlas y darnos cuenta de que todo lo que sentíamos era atracción sexual. Sin embargo eso no ocurrió. Saciamos las ganas por un momento, y después de unos minutos ellas volvieron a aparecer. Desde entonces mi pasatiempo favorito cada noche era colarme en su cama, arroparme en sus sábanas y oler su piel. Qué puedo deciros de sus labios recorriendo mi cuerpo cuando cogía mis piernas con las manos y... "Qué dulce, qué dulce" le decía, "Dios, sigue". Estábamos salidos perdidos, y así seguimos.
El niño con estrella siempre me decía " dime que estarás ahí siempre", a lo que yo tímidamente pero segura de lo que decía, respondía "hasta que te canses de mi". Él siempre negaba, nunca se cansaría de mi. Repetíamos esa pequeña conversación todos los días y no nos cansábamos de habernos aprendido el guión y los gestos de memoria, de tener cronometrado el tiempo que tardábamos en respondernos el uno al otro, el segundo exacto en el que empezábamos el diálogo. En realidad, no por cansancio, un día tubo que irse, y yo aprender a vivir sin él.
Miro atrás y miro hacia adelante. Miro al espejo por última vez. Veo cuánto hemos cambiado, cuánto hemos crecido. Veo tu misma mirada y percibo en ella los restos del naufragio de ayer. Corazones rotos por la falta de valor, ojeras en los ojos que nos ha pintado el puto insomnio que padecemos cuando no dormimos juntos. Tras los gestos desesperados e intentos de separarnos, sigues agarrándome las manos, abrazándome en tu cuarto como si ayer no fuera todavía ayer. Me dices que esta historia de mierda se ha terminado, pero deseas besarme, y lo se. Lo se porque aún me sostienes y aún decides ser mío por las noches. Que la maldita distancia está matando algo que podría ser lo mejor que te ha pasado, me dices, pero que no quieres luchar contra ella, sino ser libre haciendo lo que crees que te gusta hacer. ¿A quién acudes, con quién hablas? ¿No es a mi a la que cuentas tus secretos y le dices lo que echas de menos? Entonces no te engañes, o esto, como tú dices, acabará matándonos. Tú me buscas y yo salgo siempre a tu encuentro, no hay nada que puedas ya hacer para evitarlo no puedes acabar con esta necesidad mútua que nos tenemos, porque no es algo que hayas elegido, sino que te ha pasado. No te engañes, hay cosas contra las que es inútil luchar; hay cosas más fuertes que la voluntad. Hay cosas como el amor.
domingo, 22 de diciembre de 2013
Bombón de chocolate.
Al despertar confusa, ligeramente desorientada en un lugar que, pese a conocerlo, no era su casa, sobre aquel sofá ajeno y el calor de una manta de otro dueño, bostezó. Desvió ligeramente la mirada, como temerosa de no encontrarse únicamente con el silencio sino haber de cruzar también una sonrisa atascada, mas se encontró con sus ojos cerrados, su boca sellada, se vio allí apalancada, escuchando su lenta respiración, tranquila, pausada. Quiso sentarse en el suelo frío frente a él para observarle unos minutos antes de marchar, mientras dormía. Mas el eco de unas palabras lejanas que dictaban "si le mirases mientras duerme, habrías sucumbido al amor" la hizo retroceder. Sonrió sin poder evitarlo, alargando los dedos hacia su pelo, para enredarlos en las rastas que colgaban, finas cual diámetro de un macarrón, de su cabeza. Descansaba como un niño, tan tranquilo que no lo quiso despertar. Sólo el temor a decidirse por buscar un hueco tras su largo cuerpo huesudo, para abrazarse a su piel chocolate unos minutos más, la despertó del ensueño. Sabía lo molesto que le resultaba despertar y ya no encontrarla ahí sin haber oído de sus labios una previa despedida, por lo que se agachó al tiempo que, sentada en el sofá, se calzaba para marcharse, y susurró despacio, en un murmullo tan poco tangible como las pisadas de una hormiga "Buenos días, bombón de chocolate". Él no despertó, seguía inmerso en su mundo onírico, aquel al que ella misma quería acceder, sin saber si quiera por qué, quizá para velar por la seguridad de sus fantasías. Terminó de vestirse y se fue, cerrando la puerta cuidadosamente tras su paso, con las ganas en las manos de retroceder y olvidar el trabajo, el sol que amanecía, los muchos quehaceres que tenía. Al fin y al cabo, ¿qué eran unas horas más, solo unas horas de nada, de toda una vida? No obstante pensó con racionalidad y siguió su camino adelante, hacia aquello a lo que no quería avanzar si suponía perder aquella compañía. No sabía qué tenía que le hiciera tan especial, hasta el punto de llegar a sentarse durante horas frente al cristal y que cualquier canción le recordase a él, imaginarlo en la más liviana penumbra esperando poder tocar su cuerpo una vez más, como si aquello fuera su drogadicción. Nadie lo había dicho todavía pero ella sentía, muy a su pesar, que cuanto más se acercara a sus labios, a su piel, cuanto más inmersa se encontrase en su profunda mirada, en aquellos ojos avellana… más lejano estaría de ella, por mucho que sus cuerpos jamás dejaran de tocarse. Era un riesgo que debía y quería correr para conocer el final de la historia, era un juego que había aceptado desde el principio, y al que incluso había aprendido a jugar. El sol la despertó de pronto al abandonar aquel portal, de camino hacia el añoro que la invadiría de nuevo al recordar la última noche en los brazos de aquel hombre que por alguna incognoscible razón despertaba todos sus sentidos, en cualquier situación. La única pista con la que contaba para averiguar qué se cocía en su propio interior era aquel “se te iluminan los ojos cuando le ves” que de vez en cuando dejaba caer algún amigo conocedor de la historia que escribía a solas en una hoja de papel, como una triste sonata de piano.
“Mas seguramente no estemos hechos el uno para el otro y quizá, quién sabe, el día de mañana nos encontremos de nuevo y esta absurda pasión vuelva a destrozar todo lo que construimos en nuestra búsqueda de la felicidad. Pero entonces, si no estamos hechos el uno para el otro ¿por qué volvemos siempre a nosotros? ¿Por qué sucumbimos a la caricia suave de la noche, al diáfano romance que compone nuestra banda sonora vital cada día? Dime, ¿qué futuro nos depara? si es que tal cosa hay para ambos dos, concibiéndonos en un todo. ¿Perdemos, acaso, el tiempo? Si ni tu un Romeo ni yo una Julieta, si nos sobra amor pero nos falta valentía, si nadie cree en nosotros, y a ti las ganas de volver a creer en el amor te han abandonado… ¿Qué pretenden nuestros cuerpos, qué reclaman nuestros corazones, cuando nos unimos al eterno manto celeste en la oscuridad, para colgar de él astros que velen nuestra felicidad?”
Mis pensamientos más oscuros han venido esta noche para decirte que no escaparás fácilmente, pues voy a perseguirte hasta que no puedas más, hasta que pienses tanto en mí, tan permanentemente, que no logres sacarme de tu mente. Voy a ser tu espía, tu guía a la vez, voy a ser la pesadilla que luego querrás tener. No voy a llevarte a las estrellas, pero te atraparé entre mis piernas y aunque no quieras serás una presa fácil de retener. Seré tu mejor depredador, tu enemiga y tu escudo a su vez; voy a torturarte y a protegerte, a enseñarte que no puedes irte y no volver. Niégalo si quieres, di que seré fácil de olvidar; pero recuerda lo que te digo: un día me vendrás tú a buscar. Soy aquello que deseas con tantas ganas, mi saliva, mi voz, mis ganas de follar y no parar, ni siquiera cuando te diga que voy a explotar. En cada cigarro que se consume entre tus labios están marcadas las yemas de mis dedos, en cada latido de tu ardiente corazón mi deseo. Los dos lo queremos, tú eres aire y yo soy fuego; eternos los dos, sin principios ni ganas de un final, las dos caras de una moneda en la que salga lo que salga, ambos vamos a ganar. ¿tienes ganas? ven aquí, te haré cosas que no vas a olvidar.
Cinco meses más tarde regresas con más fuerza y palabras que parece que me afectan y hoy...
Hoy parece que no queda esperanza para mí, que estoy vacía, que la vida no me alcanza para vivir. Hoy siento que todas las nubes negras de este mundo se han parado frente a mi y me han escupido lluvia en la cara, dejándome empapada. Es cierto que fueron muchos momentos, buenos y malos, pero también lo es que ninguno sirvió para nada porque no aprendiste la lección. Ama a quien te ama, o te arrepentirás después cuando se vaya. Había pasado tanto tiempo desde la última de nuestras noches eternas, seguidas de aquellas mañanas cansadas, de las sonrisas drogadas que después de ti no dejaban paso a nada. Había olvidado por completo lo destructivo que eres, siempre pisando fuerte a quien te quiere. Aunque esta vez no fue peor, sí fue distinto. Casi prefería que me hundieras en la miseria cuando después de el sexo me decías que no me querías, que solo era especial, pero que había muchas más. Aquello me dolía, pero era soportable. Ahora sin embargo no vuelves a repetirlo y no se qué siento. No quiero verte, y se que la única manera de no encontrarte es buscándote entre las calles mojadas. No apareces; al menos tengo esa batalla ganada. Se están rompiendo las ventanas y entra aire frío, aire del que por una vez no quiero que me cubras, frío que hoy no quiero que me apacigües. Se va tu dignidad entre las rendijas del conducto de ventilación, con todas aquellas chicas a las que les vendiste falso amor. Me quedo entre tus sábanas, descanso sobre tu cama, cerrando los ojos en tu almohada. Me olvido de que existes, de aquel momento en que peleamos por la sábana, dormido te enfadas y te das media vuelta, lejos de mi espalda. No queda nada de aquellas noches que me arrastré atontada por el sueño para recuperar tus ganas, tus abrazos al dormir, esas manos apretando fuerte las mías. No queda nada de todo aquello que no te merecías, y que supe recuperar con toda dignidad. Se que la única manera de aclarar este desajuste que has montado en mi cabeza implica verte de nuevo y escuchar a mi corazón y mi conciencia cuando nuestros ojos se crucen. Se que serán tus palabras las que me digan si queda algo de lo que un día sentí, o si realmente he llegado a odiarte sin motivo alguno. Sin embargo no quiero encontrarme contigo, no se si quiero aclararme o si prefiero seguir con esta incertidumbre de no saber a qué sentimiento se corresponde mi estado de ánimo. Voy a tener que verte, aunque no salga a tu encuentro. Lo mejor será mentalizarme.
miércoles, 3 de julio de 2013
Amor de Coruña ~
jueves, 30 de mayo de 2013
Los escombros de mi habitación
miércoles, 29 de mayo de 2013
viernes, 3 de mayo de 2013
Il ne promet tout.
Mas seguramente no estemos hechos el uno para el otro y quizá, quién sabe, el día de mañana nos encontremos de nuevo y esta absurda pasión vuelva a destrozar todo lo que construimos en nuestra búsqueda de la felicidad. Pero entonces, si no estamos hechos el uno para el otro ¿por qué volvemos siempre a nosotros? ¿Por que sucumbimos a la caricia suave de la noche, al diáfano romance que compone nuestra banda sonora vital cada día? Dime, ¿qué futuro nos depara? si es que tal cosa hay para ambos dos, concibiéndonos en un todo. ¿Perdemos, acaso, el tiempo? Si ni tu un Romeo ni yo una Julieta, si nos sobra amor pero nos falta valentía, si nadie cree en nosotros, y a ti las ganas de encontrar a esa persona especial te han abandonado? ¿Qué pretenden nuestros cuerpos, qué reclaman nuestros corazones, cuando nos unimos al eterno manto celeste en la oscuridad, para colgar de él astros que velen nuestra felicidad?
lunes, 18 de marzo de 2013
Domingo
sábado, 23 de febrero de 2013
de decirte lo que siento tras tanto tiempo
sino en su día cuando te dejé marcharte
sin mirar atrás, ni volver para buscarte.
Fueron errores tontos que nadie entendió
el por qué tan repentino de nuestro adiós
hoy nos arrepentimos, después de mirarnos
porque quizá aquel día a nuestros labios
les faltó decir te quiero, les faltó ser sensatos
arriesgarse y luchar por mantener los lazos.
Pensé que debías saber que vivo a ras de suelo
desde que aquella noche me descolgué del cielo,
y es que me di cuenta de que te necesito
porque tú calmarías mi angustia, mis gritos.
lunes, 18 de febrero de 2013
Tus ojos son aquellos que intentaban adivinar lo que pasaba por mi mente, lo que latía en mi corazón. Tus ojos los que me miraban de noche, los que despacio se giraban para descubrirme ahí de pie y ver a tus labios decir "¿me estás esperando?".
Tú eres quien no entendías lo que yo callaba, y quien ponía letra a mis páginas en blanco. Tú eres otro más de los que me han ayudado a escribir, a llorar, a rabiar, a querer... Mejor, es cierto, pero aún así otro más. O eso quiero creer, temerosa de admitir lo que tanto me instaste a decir, en vano.
Voy a escribirte para olvidarme de ti, por si acaso decides no volver, porque se que eres hombre fuerte e imperturbable, y quizá nada de lo que vaya a hacer o decir te sirva hoy, o mañana.
Ojalá un día decidas volver a pensar en mi y con esos ojos que me miraba, con esa sonrisa que me hablaba, te gires para tenderme de nuevo la mano, y perdones mi error.
Ojalá, quizá... son palabras lejanas, pero nada es imposible. Me reitero en lo que respondí a esa pregunta que me hiciste mientras apoyaba la cabeza en una de las jambas de esa puerta, mientras te miraba sonrojada y me mordía el labio, "si, te espero".
domingo, 10 de febrero de 2013
tu olor se mezclaba con el de la brisa del mar salada
sentía que te perdía un poco más cuando te alejabas
y que las cosas que compartimos fueron muy escasas.
No sabía muy bien si te ibas tú o me iba yo misma
quizá en verdad nunca estuvimos, ni tu ni yo
y todo fue una fantasía que tracé a toda prisa
para no aceptar que no estabas, paliar el dolor.
Fuera como fuere, hoy ya no estabas si estuviste
fuera como fuere, la noche se hacía fría y triste.
Quería gritar tu nombre y hacerte regresar a mi lado
acariciar despacio tu piel con el dorso de la mano,
bailar desnudos bajo esa luna eterna en lo alto
que nos mirara celosa de que te amara yo tanto...
Clásica la música suena ahora en esta habitación
entre los recuerdos de tus brazos y tu respiración
las caricias de tus dedos en mi mejilla, tu adiós...
y me quedo a solas de nuevo con contrito corazón.
Lloran, mis ojos cerrados, lloran porque nunca fuiste
porque no eres y no serás lo que para mi tanto quise,
resbalan por los labios que besaste hasta extinguirse.
Mueren mis letras en el eco de tu voz, en tus espinas
mueren a solas las ganas que tenía de comerte la vida
supura tu aliento en mi nuca al abrir nuevas heridas
es tan tangible tu ausencia como lo fueron tus mentiras.
jueves, 7 de febrero de 2013
martes, 29 de enero de 2013
martes, 15 de enero de 2013
Perdona si te busco de noche entre mis sábanas, si espero cada día una llamada o un mensaje, algo que demuestre lo que no es cierto, algo que diga "estoy pensando en ti".
Joder, te echo de menos, nunca de más cuando te tengo a mi lado, cuando me acaricias entre tus brazos y... Cuando encuentro la paz, en ti, la música que amansa la fiera que nace en mi. Supongo que te necesito, cuando quiero estar tranquila. Me paralizas, me das equilibrio, es algo que nadie consiguió en mi vida.
domingo, 13 de enero de 2013
Quisiera agradecerte que estés ahí de este modo en el que nunca pensé que quisieras estar, siempre fuiste entre todos los demás mi "ojito derecho". No te rías, se que no lo entiendes, pero te lo voy a explicar. Te defendí a capa y espada, casi, cada vez que hubo que dudar, y no por quererte, sino porque confiaba en ti, aunque a lo mejor sea un error y no debiera hacerlo. No solía concederte el beneficio de la duda, sino el de "inocente hasta que se demuestre lo contrario" y eso que tu de inocente poco tienes. No se si para bien o para mal, hoy pienso sobre ti, sobre lo que hay más allá de tu delicada piel, de tus ojos oscuros y esa sonrisa de "qué más da". Espero algún día llegar a saber más de ti, desnudarte la piel y descubrir tu alma, pues la primera ya la conozco, y por ello quiero también agradecerte. Si me dejaras.... si me dieras un momento, te enseñaría lo que puede hacer un querer sincero, fuera de utilidad, de necesidad o de llegarte a cambiar. Creo que no me dejarás ser esa llave que te abra la puerta a la posible felicidad que quizá un día descubriste y a la que te obligaron a renunciar, pero si me dejaras... Descubriríamos qué podría pasar.
domingo, 6 de enero de 2013
prendida en el gas de un mechero
se consumen entre nuestros cuerpos
sin sentir cuánto te quiero.
Ni el tiempo ni las ganas de tenerte
presencia hicieron
ni el alma, ni el corazón, ni la piel,
temen si te perdieron.
Quedaron cicatrices como señas
de esta efímera e insana posesión
para recordarme que fuiste,
de pronto y sin avisar, obsesión.
Se va en el humo de tu cigarro
este cuerpo que grita en vano
y la inocencia que no tuve
hoy la regalo a tu piel bajo mi mano.
Por más tormento que me acuse
en esta noche gris y triste
jamás por ti lloraré, pues nunca te sentí,
y por eso nunca te fuiste.
miércoles, 2 de enero de 2013
El cuerpo te temblaba, puro nervio;
entre las suyas tus piernas delatadoras
no cesaban su movimiento, y en silencio
acariciabas su torso, a palabras rotas.
martes, 18 de diciembre de 2012
Hoy callan para ti.
"No le dejes marchar", me dicta mi corazón, pero es tarde ya para callar a la razón, a esta mente que te condena a desaparecer, a esfumarte de mi vida, cual águila que ha hurgado en su presa toda carne que le sirva de comida. No obstante, y por más que duela, puedo reconocer que la costumbre se ha posado en mi, que echarte de mi vida ahora es fácil, porque no espero ya nada de ti.
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