martes, 18 de diciembre de 2012

Era un pequeño ángel.

Aquel pequeño ángel del que tanto  oyeron hablar,
aquel hada diminuta que daba vida a los demás,
se fue de este mundo una vez para no regresar
y efectivamente, aunque rogamos, no volvió jamás. 
Hoy, tras varios meses, lágrimas derramamos
puesto que es nada más que su 17 cumpleaños.
Algunos más que otros, o quizá con más razón
la echamos todos de menos en este mundo,
porque ella dejó un hueco en cada corazón
un hueco, sinceramente, demasiado profundo.
Pese a que no podemos traerla de vuelta
del alma no sacamos ya el deseo desesperado
de tenerla aquí, a nuestra vera, a nuestro lado,
esperando, ilusos, que entre por alguna puerta.
Pero es tarde y el tiempo no quiere pararse
continúa en su tarea de avanzar tras el tic tac
de nada sirve, comprendemos, desesperarse,
sino, más bien, recordarla debemos igual.
Quien quiera que llore, o que le sonría
quien necesite gritar que lo haga, 
para todo esto hoy es buen día,
pues el dolor no hay quien lo deshaga. 






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