Perdóname si de nuevo mi verso
te conmueve en exceso
perdóname si mis lágrimas
están ahora tan de más
es tarde y tan tarde presiento
que todo lo que en vano intento
es escribir mal, y sin parar
para no romper a llorar.
Pero, te digo, te cito, comunico
que aquí dejo para tí
mi último escrito y te lo recito.
Y es que solo se escribir y llorar
ni si quiera tengo don de cantar
si tanto me duele, porque sigo
ni yo misma lo entiendo, digo
encuentro mi consuelo
pegando la cara al suelo
frío, como mi corazón
duro, como el alma de esta canción.
Trepando por tus caderas con los dedos, me enganché en tu cintura, y escalando por tu espalda encontré, tras los secretos de tu oído, todos tus miedos.
jueves, 21 de julio de 2011
jueves, 7 de julio de 2011
Olvidarlo todo, menos a ti.
Llega un punto en que las cosas se tuercen, en que te odio a momentos y no se ni por qué.
LLega un punto en el que desearía ahorcarte entre mis labios, dispararte con mis abrazos, o arrancarte la piel a suaves mordisquitos. Otras, en cambio, te amo con la más dulce locura que alberga mi corazón.
Si pudiera decir algo diferente, algo que sienta realmente, un juego de palabras improvisado en mi mente, no estaría aquí ahora, pensando en tí, evocando los sentimientos que tú proporcionas a este lánguido corazón.
Pero llega un momento en que mis suspiros se queman en el viento, exhalan en mis labios y mueren en tu mirada. Porque miras, paralizas. Porque los rescatas, me rescatas, me devuelves a la vida. Y mueren mis suspiros, y con ellos mueren mis penas. Porque das sentido a cada verso, cada rima, cada letra.
Llega un punto en el que estoy tan abatida, que quisiera olvidarlo todo, menos a ti.
Desaparecer en un universo paralelo, para ti y para mí, ser inexistentes a ojos ajenos.
LLega un punto en el que desearía ahorcarte entre mis labios, dispararte con mis abrazos, o arrancarte la piel a suaves mordisquitos. Otras, en cambio, te amo con la más dulce locura que alberga mi corazón.
Si pudiera decir algo diferente, algo que sienta realmente, un juego de palabras improvisado en mi mente, no estaría aquí ahora, pensando en tí, evocando los sentimientos que tú proporcionas a este lánguido corazón.
Pero llega un momento en que mis suspiros se queman en el viento, exhalan en mis labios y mueren en tu mirada. Porque miras, paralizas. Porque los rescatas, me rescatas, me devuelves a la vida. Y mueren mis suspiros, y con ellos mueren mis penas. Porque das sentido a cada verso, cada rima, cada letra.
Llega un punto en el que estoy tan abatida, que quisiera olvidarlo todo, menos a ti.
Desaparecer en un universo paralelo, para ti y para mí, ser inexistentes a ojos ajenos.
No hay lógica ni razón
Hay algo que duele más que sufrir por amor; no sufrir.
La explicación es muy simple: Tú amas, tú piensas, tú imaginas. Tú esperas esa caricia, ese abrazo, ese beso, un te quiero. Cuando te mira se acelera el pulso de tu corazón, tanto, que temes sentirlo estallar. Te toca, por equivocación, sin quererlo; y no lo sabe, pero en tus ojos ha nacido una nueva estrella...
Pero cuando no amas... Tú no imaginas, tú no piensas, no esperas una caricia, ni un abrazo, ni un beso, mucho menos un te quiero... Te mira, y tu permaneces indiferente, asientes, niegas, respiras, simplemente. No hay un corazón bombeando frenéticamente, no te sudan las palmas de las manos, ni en tus ojos nacen estrellas. ¿es triste? quizá. ¿es un acto masoquista preferir el sufrimiento por amor que la indiferencia ante éste? Quizá. Es sólo una palabra, que vuela en el aire, de boca en boca, de corazón a corazón. Es algo que duele, y se considera sin embargo bonito. Es la mayor paradoja sobre la que siempre se ha escrito.
La explicación es muy simple: Tú amas, tú piensas, tú imaginas. Tú esperas esa caricia, ese abrazo, ese beso, un te quiero. Cuando te mira se acelera el pulso de tu corazón, tanto, que temes sentirlo estallar. Te toca, por equivocación, sin quererlo; y no lo sabe, pero en tus ojos ha nacido una nueva estrella...
Pero cuando no amas... Tú no imaginas, tú no piensas, no esperas una caricia, ni un abrazo, ni un beso, mucho menos un te quiero... Te mira, y tu permaneces indiferente, asientes, niegas, respiras, simplemente. No hay un corazón bombeando frenéticamente, no te sudan las palmas de las manos, ni en tus ojos nacen estrellas. ¿es triste? quizá. ¿es un acto masoquista preferir el sufrimiento por amor que la indiferencia ante éste? Quizá. Es sólo una palabra, que vuela en el aire, de boca en boca, de corazón a corazón. Es algo que duele, y se considera sin embargo bonito. Es la mayor paradoja sobre la que siempre se ha escrito.
Un pequeño mordisquito
Dame sin querer, un mordisquito de tu piel
para que pueda acariciarlo sin pensarlo
Para que pueda desgastarme en él.
Dame sin querer, un pedacito de ayer,
donde pueda recordar las sonrisas
las tardes a las que permaneci sumisa
a tu lado sigilosa, en mi pensamiento
enfatizando en un sencillo movimiento;
tu respiración, pausada, la calma de mi alma
tu languidez, parsimoniosa, de la noche al alba
Dame sin querer, en un mordisquito de tí
todas aquellas cosas que guardaste para mí.
para que pueda acariciarlo sin pensarlo
Para que pueda desgastarme en él.
Dame sin querer, un pedacito de ayer,
donde pueda recordar las sonrisas
las tardes a las que permaneci sumisa
a tu lado sigilosa, en mi pensamiento
enfatizando en un sencillo movimiento;
tu respiración, pausada, la calma de mi alma
tu languidez, parsimoniosa, de la noche al alba
Dame sin querer, en un mordisquito de tí
todas aquellas cosas que guardaste para mí.
viernes, 27 de mayo de 2011
Siempre, siempre...
Siempre caigo, pero vuelvo a levantarme. Porque lo más duro no es caerse, sino estar de nuevo en pié. Lo más heróico no es aguantar el llanto, sino llorar ante quien te mira. No es aguantar el dolor, sino mostrar tu fragilidad, que es, al fin y al cabo, quien te hace fuerte.
No somos heroes, somos personas, y por ello, quien quiere hacerse el fuerte, solo logra ser más vulnerable. Yo no huyo de tí, yo te encierro, te entierro, en tumbas y cadenas dentro de mí. Yo no ignoro tu existencia, yo la olvido, porque solo me causa dolor, sufrimiento, y muerte prematura.
No somos heroes, somos personas, y por ello, quien quiere hacerse el fuerte, solo logra ser más vulnerable. Yo no huyo de tí, yo te encierro, te entierro, en tumbas y cadenas dentro de mí. Yo no ignoro tu existencia, yo la olvido, porque solo me causa dolor, sufrimiento, y muerte prematura.
miércoles, 25 de mayo de 2011
Dicen que la música amansa a las fieras.
Un día de estos en los que te levantas de mal humor, aparentemente sin motivos, y te da por odiar a todos los que te rodean, simplemente porque sí. Un día de estos en los que crees que te vas a desesperar de tal manera, que nadie te soportará. Y entonces, inesperadamente, encuentras la solución, y en realidad tampoco has necesitado pensarla. Llamas, impaciente esperas que su dedo intranquilo presione levemente la tecla de descolgar. Llamas, deseando que él tenga las mismas ganas que tú de mantener una breve conversación. Y contesta, y oyes su voz... Dicen que la música amansa a las fieras, y entonces comprendes por qué. Su voz es música a tus oídos, música que amansa la desesperación que te corroe por dentro, desde que por la mañana despertaste, pensando en él.
sábado, 21 de mayo de 2011
Días de desespero
Samantha se sentó una vez más bajo la ventana de su cuarto, donde pegaba el sol. Cogió su diario personal, pues quería escribir un rato, pero pronto se arrepintió, pues recordó que unos días atrás lo había considerado cursi e inútil. Pensó que a cambio podía salir a dar un paseo. Dicho y echo, se levantó, se enfundó unos vaqueros rotos y una camiseta blanca de tirantes y salió llaves en mano. No había nadie en casa, pues su madre estaba en la oficina y ellas dos vivían solas, asi que nadie la echaria de menos. La calle estaba abarrotada de gente, puesto que era época de fiestas, así que optó por rodear la ciudad.
Los campos estaban florecidos, evidenciando la primavera ya entrada. La temperatura era elevada, lo que alegró a Samantha, pese a su personalidad contraria, fría y cínica. Sin avisar, el recuerdo efímero de una voz para ella inconfundible, penetró en su pensamiento, haciendo que brotaran de sus ojos unas gélidas lágrimas que, hacía días ya, Samantha reprimía.
A la sombra de aquella inquietante voz, cantó a sus oídos una canción conocida, haciendola llorar aún más "bring me to life and make me real...". Aunque no quería admitirlo, pues le dolía en el alma, sabía que aquello que la hacía llorar no era otra cosa que ese amor que le arañaba las entrañas. Ese amor que hacía días que revolvía sus sueños, ese amor que, sabía, nunca iba a poder olvidar.
Secó sus lágrimas, presa de un posible ataque de desesperanza, y volvió de vuelta a casa, a paso ligero, para no cruzarse con nadie que pudiera reconocerla y descubriera su pesar.
Abrió a tientas la puerta de casa, pues las lágrimas emborronaban su vista, y se descalzó sin parar de caminar hasta su cuarto, dejando sus pertenencias tiradas tras ella.
La pantalla de su móvil parpadeaba, señal de que tenía un mensaje, o de que la habían llamado. "suerte que deje el telefono en casa" pensó.
Las ganas de llorar apaciguaron, siendo sustituidas por bruscos espasmos que se apoderaban de su cuerpo cuando leyó en la pantalla del móvil el nombre de quien le mandaba el mensaje.
Los campos estaban florecidos, evidenciando la primavera ya entrada. La temperatura era elevada, lo que alegró a Samantha, pese a su personalidad contraria, fría y cínica. Sin avisar, el recuerdo efímero de una voz para ella inconfundible, penetró en su pensamiento, haciendo que brotaran de sus ojos unas gélidas lágrimas que, hacía días ya, Samantha reprimía.
A la sombra de aquella inquietante voz, cantó a sus oídos una canción conocida, haciendola llorar aún más "bring me to life and make me real...". Aunque no quería admitirlo, pues le dolía en el alma, sabía que aquello que la hacía llorar no era otra cosa que ese amor que le arañaba las entrañas. Ese amor que hacía días que revolvía sus sueños, ese amor que, sabía, nunca iba a poder olvidar.
Secó sus lágrimas, presa de un posible ataque de desesperanza, y volvió de vuelta a casa, a paso ligero, para no cruzarse con nadie que pudiera reconocerla y descubriera su pesar.
Abrió a tientas la puerta de casa, pues las lágrimas emborronaban su vista, y se descalzó sin parar de caminar hasta su cuarto, dejando sus pertenencias tiradas tras ella.
La pantalla de su móvil parpadeaba, señal de que tenía un mensaje, o de que la habían llamado. "suerte que deje el telefono en casa" pensó.
Las ganas de llorar apaciguaron, siendo sustituidas por bruscos espasmos que se apoderaban de su cuerpo cuando leyó en la pantalla del móvil el nombre de quien le mandaba el mensaje.
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