domingo, 13 de enero de 2013

Estabas ahí, en frente, y te movías con gracia para apagar la luz que a ambos nos incordiaba en un momento tan delicado y, si cabe decir, tan embarazoso al ser de los primeros. Reías cuando yo hablaba, un hecho que no sabría explicar, pues nada gracioso dije en ningún momento pero tú parecías divertirte cantidad. Riamos, entonces, incluso al recordar. Pues bien, te sentaste, o mejor dicho,descansaste tu largo cuerpo sobre el colchón, y empezaste a decir cosas que ahora no alcanzo a recordar. 
Creo que fue ese "ven, ven aquí" lo que hizo que me empezaras a gustar. Quizá, y esto ya lo verás, es una de mis palabras favoritas en todo mi vocabulario. Pues, quizá nunca llegue a verte como algo más que una forma bonita de pasar el rato, divertida, amena, de aprender. Aprender sobre ti, sobre mi, sobre las cosas de la vida, o, quizá, no aprender. Quizá algún día seas una de las personas más importantes que haya pasado por mi experiencia, quizá incluso te conviertas en un amor imposible, posible, probable, o irremediable. Quién sabe lo que pueda pasar. Centrémonos en el presente, porque... hoy estás aquí ¿verdad? A ratos, a  traspiés, ahora si, y ahora no, te veo una vez a la semana, o puede que dos... Pero estás, que es la cuestión. Así que si estás, disfrutemos el presente, que el pasado me pesa y el futuro me atormenta, eso dicen, aunque yo los veo como experiencia y meta, respectivamente. Lo más seguro hoy por hoy es que nunca lleguemos a pasear de la mano por las calles de esta ciudad medio muerta, con ganas de más, con ansia de crecer, que se estanca en los años cincuenta y no pasa del ayer. Es lo más seguro, pero no es lo seguro. Dejemos esa incógnita en el aire, para que los días de roce, que hace el cariño, decidan qué pasará, qué será de nosotros. No te asustes si lees esto. Soy una persona reflexiva, ya te dije que era inteligente, y ahora puedes entender por qué. Si estás repasando esta carta a conciencia verás que nunca puede llegarse a saber todo de una persona ni en su más exacta intimidad, porque esto ni te lo esperabas ¿no? Aquí estoy, donde ni siquiera se si me encontrarás, donde dudo que vengas a buscarme, escribiendo algo que salió de mi cabeza una mañana de domingo en la que no tenía nada más que hacer, a excepción de traducir mis textos de latín, estudiar historia, ducharme, pasear... o quién sabe que mil cosas más tengo anotadas en la agenda, pero no tengo nada más que hacer... A lo que iba, no te asustes, y menos si te dijera algún día amor, cielo, cariño, o todas esas cosas que podría llegar a pensar. Aunque, sinceramente, tienes un nombre precioso, por lo que no me vería en la necesidad de cambiarlo por cursiladas que quizá nunca casen con tu estilo. Perdóname, soy una cabeza loca, una despistada, y de nuevo me he ido de tema... No te asustes si lo hiciera, no te asustes si de pronto incluso te quisiera, porque hay maneras de querer, y hay maneras de pensar en una persona, no necesariamente amor, mas seguramente sería ese el modo en que lo hiciera, pero aún y con todo  no te asustes. 
Se que quizá jamás leerás esta carta, a menos que me atreva y te diga que existen unas cuantas líneas para ti, unas cuantas o quizá más, que no creo que nadie vaya a leer, dada su extensión. Tampoco es que me importe, esto es algo para mí, necesitaba decírtelo pero sin hablar, necesitaba creer que lo sabías, sin habértelo dado a conocer. Es una carta de amor, para alguien a quien quizá nunca llegue a amar. 
Quisiera agradecerte que estés ahí de este modo en el que nunca pensé que quisieras estar, siempre fuiste entre todos los demás mi "ojito derecho". No te rías, se que no lo entiendes, pero te lo voy a explicar. Te defendí a capa y espada, casi, cada vez que hubo que dudar, y no por quererte, sino porque confiaba en ti, aunque a lo mejor sea un error y no debiera hacerlo. No solía concederte el beneficio de la duda, sino el de "inocente hasta que se demuestre lo contrario" y eso que tu de inocente poco tienes. No se si para bien o para mal, hoy pienso sobre ti, sobre lo que hay más allá de tu delicada piel, de tus ojos oscuros y esa sonrisa de "qué más da". Espero algún día llegar a saber más de ti, desnudarte la piel y descubrir tu alma, pues la primera ya la conozco, y por ello quiero también agradecerte. Si me dejaras.... si me dieras un momento, te enseñaría lo que puede hacer un querer sincero, fuera de utilidad, de necesidad o de llegarte a cambiar. Creo que no me dejarás ser esa llave que te abra la puerta a la posible felicidad que quizá un día descubriste y a la que te obligaron a renunciar, pero si me dejaras... Descubriríamos qué podría pasar.

domingo, 6 de enero de 2013

Secretos a la luz de la tenue llama
prendida en el gas de un mechero
se consumen entre nuestros cuerpos
sin sentir cuánto te quiero.
Ni el tiempo ni las ganas de tenerte
presencia hicieron
ni el alma, ni el corazón, ni la piel,
temen si te perdieron.
Quedaron cicatrices como señas
de esta efímera e insana posesión
para recordarme que fuiste,
de pronto y sin avisar, obsesión.
Se va en el humo de tu cigarro
este cuerpo que grita en vano
y la inocencia que no tuve
hoy la regalo a tu piel bajo mi mano.
Por más tormento que me acuse
en esta noche gris y triste
jamás por ti lloraré, pues nunca te sentí,
y por eso nunca te fuiste.

miércoles, 2 de enero de 2013

Que prohibidos eran sus besos, sabías
y del veneno que sus labios contenían.
Pero aun así pequeña masoquista
aceptaste con un si rotundo
con una amplia y sincera sonrisa
y te alejaste en sus brazos del mundo.
Qué bien te supo su boca, en el pecado
qué dulce el amor que te brindaba
y sincero el calor que te daba su regazo.
Fue efímero durante horas el amor
basado en recuerdos, en preguntas,
qué tierno calmar con tus manos su dolor
dejando a un lado todas las dudas.
Su olor había cambiado, era nuevo
los dedos de sus manos agarrando,
jugando, con fuerza entre tu pelo,
era él, pecado que te estaba salvando.
El cuerpo te temblaba, puro nervio;
entre las suyas tus piernas delatadoras
no cesaban su movimiento, y en silencio
acariciabas su torso, a palabras rotas.





martes, 18 de diciembre de 2012

Hoy callan para ti.

Los versos que no escribí, hoy callan para ti. Sobre este papel banco que arrugo entre las manos, como el dolor de recordar que te perdí, como las ganas de salir afuera y gritar, como las lágrimas que un pasado derrama, porque no sabe perdonar. Mecánicamente, acostumbrada a este pesar, me dedico a escribir las palabras que en mi mente luchan por hacerse oír, que buscan salir, que quieren recibir vida fuera de mi.
"No le dejes marchar", me dicta mi corazón, pero es tarde ya para callar a la razón, a esta mente que te condena a desaparecer, a esfumarte de mi vida, cual águila que ha hurgado en su presa toda carne que le sirva de comida. No obstante, y por más que duela, puedo reconocer que la costumbre se ha posado en mi, que echarte de mi vida ahora es fácil, porque no espero ya nada de ti.

Era un pequeño ángel.

Aquel pequeño ángel del que tanto  oyeron hablar,
aquel hada diminuta que daba vida a los demás,
se fue de este mundo una vez para no regresar
y efectivamente, aunque rogamos, no volvió jamás. 
Hoy, tras varios meses, lágrimas derramamos
puesto que es nada más que su 17 cumpleaños.
Algunos más que otros, o quizá con más razón
la echamos todos de menos en este mundo,
porque ella dejó un hueco en cada corazón
un hueco, sinceramente, demasiado profundo.
Pese a que no podemos traerla de vuelta
del alma no sacamos ya el deseo desesperado
de tenerla aquí, a nuestra vera, a nuestro lado,
esperando, ilusos, que entre por alguna puerta.
Pero es tarde y el tiempo no quiere pararse
continúa en su tarea de avanzar tras el tic tac
de nada sirve, comprendemos, desesperarse,
sino, más bien, recordarla debemos igual.
Quien quiera que llore, o que le sonría
quien necesite gritar que lo haga, 
para todo esto hoy es buen día,
pues el dolor no hay quien lo deshaga. 






jueves, 6 de diciembre de 2012

Amor Insano

No sé dónde están el bien y el mal,
he perdido el rumbo, he perdido la conciencia.
He perdido hasta la dignidad.
Me hallo entre los pliegues de tu cuerpo
entre los dedos largos de tus manos.
Me tienes atrapada, no puedo escapar.
Quiero huir y olvidar todo aquello que prometí,
quiero dejar de ser fiel a lo que juré por ti.
Mas remordimientos aún me quedan
y éstos no cesan de su acecho,
pese a este amor que desvanecido
se ha de mi pecho.
Cada intento de alejarte se vuelve más inútil
confundes mis ideas, se merma mi frialdad,
no puedo escapar de tu amor fútil.
Si algún día fui hielo, me derrito hoy
en tu piel, en tu amenazante fuego.
Aléjame de ti, aléjate tú sin hablar,
no llores, pues me quiero escapar.
Persiguiendo hasta mis sueños,
eres Lucifer,
rompiendo a pedazos cada rincón
de mi ser.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Una canción de amor.

Eres como esa canción de amor que escucho de vez en cuando con la que no me identifico, pero que sin embargo me gusta. Está ahí para enamorarme, pero sin ser mía, para hablar sin decirme nada, para sonar en mi reproductor con el volumen bajo, como con miedo a ser oída, a que alguien sepa que me cantas.
No explotas sobre las teclas de un piano, o de un saxofón; no rompes contra las cuerdas de una guitarra, o de un violín; ni resquebrajas el sonido arremetiendo contra los platos de una batería. Eres esa suave melodía que oigo de fondo, que me hace cerrar los ojos y no pensar en mi.