martes, 4 de diciembre de 2012

Aquel lugar que no quisimos recordar.



Solía creer, durante el tiempo de mi felicidad insólita, que aquello duraba para siempre, y que esos eran la clase de recuerdos que nunca iba a querer olvidar, los que contigo construía. Pensé que caminar sobre la arena o sobre las piedras no importaba mientras fuéramos de la mano, y que más tarde las heridas de mis pies no me dolerían, porque el amor las habría amortizado. Falso. Inocente de mi, me hice a la idea de que aquel lugar siempre me gustaría, ahí donde nos solíamos encontrar, que jamás guardaría rencor a nuestra canción, que nunca iba a apretar los dientes al oír tu nombre, por muy lejos que estuvieras algún día de mi vida. Falso. El amor es un flujo permanente de dolor y de alegría; es una noria, ahora estás arriba, pero dentro de un rato terminarás por descender de nuevo, rápido, temblorosa, con el viento arremetiendo contra tu piel. ¿y qué? No importa, para ello está la vida, esa lucha perenne de bueno y malo, ese enfrentamiento de contrarios, ese pedalear constantemente para encontrar una salida. Bien, pues para durante unos minutos aquí, dejando de pedalear, y fíjate un instante en lo que hay a tu alrededor. Y a mi alrededor hay, contiguamente, pasado, presente, y futuro. Futuro esperanzador, futuro que atormenta, que me empuja a seguir con ansias adelante, y que a veces me frena. Presente, ríe, llora, ama, sufre, disfruta; están pasando los minutos y no te das cuenta de que estás madurando, cual fruta a punto de caer de un árbol. Pasado... Aquel lugar que no quisimos recordar, en mi mente, ese rostro que en mi cabeza, ahora inerte, lucha por hacerme reír. Mientras tu te alejas yo grito "¡No te vayas!" pero es tarde para amar y esta noche nos separa.Te vas sin volver sobre tu espalda, y no me queda nada.



De nuevo el frío en mi cama, lucha codo a codo con mi calma, para vencer este desvelo que me atormenta y me aclama. Logro vencer en esta batalla, mas mi alma ya no calla, porque sabe que el pasado es una llave que abre cualquier herida, que enlaza una cicatriz con otra y acaba por romperme la vida.


No puedo, arráncame de mi cuerpo, es de nuevo ese lugar que no quisimos recordar. Es mi miedo quien se cuela por mi ventana, y aquí, en la intimidad de mi cama, la que comparte conmigo cada mañana, me amenaza con transportarme hasta ti, hasta donde pueda verte. Me arrastra como la marea arrastra los restos de un naufragio, y me lleva hasta el inmenso mundo de felicidad que es tu habitación, donde duermes, donde tú si puedes respirar. Donde a tu lado alguien arropa tu cuerpo, bajo una manta que os resguarda a ambos del frío, alguien que curó tu corazón muerto.






Se que perdí; se qué perdí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario