Los versos que no escribí, hoy callan para ti. Sobre este papel banco que arrugo entre las manos, como el dolor de recordar que te perdí, como las ganas de salir afuera y gritar, como las lágrimas que un pasado derrama, porque no sabe perdonar. Mecánicamente, acostumbrada a este pesar, me dedico a escribir las palabras que en mi mente luchan por hacerse oír, que buscan salir, que quieren recibir vida fuera de mi.
"No le dejes marchar", me dicta mi corazón, pero es tarde ya para callar a la razón, a esta mente que te condena a desaparecer, a esfumarte de mi vida, cual águila que ha hurgado en su presa toda carne que le sirva de comida. No obstante, y por más que duela, puedo reconocer que la costumbre se ha posado en mi, que echarte de mi vida ahora es fácil, porque no espero ya nada de ti.
Trepando por tus caderas con los dedos, me enganché en tu cintura, y escalando por tu espalda encontré, tras los secretos de tu oído, todos tus miedos.
martes, 18 de diciembre de 2012
Era un pequeño ángel.
Aquel pequeño ángel del que tanto oyeron hablar,
aquel hada diminuta que daba vida a los demás,
se fue de este mundo una vez para no regresar
y efectivamente, aunque rogamos, no volvió jamás.
Hoy, tras varios meses, lágrimas derramamos
puesto que es nada más que su 17 cumpleaños.
la echamos todos de menos en este mundo,
porque ella dejó un hueco en cada corazón
un hueco, sinceramente, demasiado profundo.
Pese a que no podemos traerla de vuelta
del alma no sacamos ya el deseo desesperado
de tenerla aquí, a nuestra vera, a nuestro lado,
esperando, ilusos, que entre por alguna puerta.
Pero es tarde y el tiempo no quiere pararse
continúa en su tarea de avanzar tras el tic tac
de nada sirve, comprendemos, desesperarse,
sino, más bien, recordarla debemos igual.
Quien quiera que llore, o que le sonría
quien necesite gritar que lo haga,
para todo esto hoy es buen día,
pues el dolor no hay quien lo deshaga.
jueves, 6 de diciembre de 2012
Amor Insano
No sé dónde están el bien y el mal,
he perdido el rumbo, he perdido la conciencia.
He perdido hasta la dignidad.
Me hallo entre los pliegues de tu cuerpo
entre los dedos largos de tus manos.
Me tienes atrapada, no puedo escapar.
Quiero huir y olvidar todo aquello que prometí,
quiero dejar de ser fiel a lo que juré por ti.
Mas remordimientos aún me quedan
y éstos no cesan de su acecho,
pese a este amor que desvanecido
se ha de mi pecho.
Cada intento de alejarte se vuelve más inútil
confundes mis ideas, se merma mi frialdad,
no puedo escapar de tu amor fútil.
Si algún día fui hielo, me derrito hoy
en tu piel, en tu amenazante fuego.
Aléjame de ti, aléjate tú sin hablar,
no llores, pues me quiero escapar.
Persiguiendo hasta mis sueños,
eres Lucifer,
rompiendo a pedazos cada rincón
de mi ser.
he perdido el rumbo, he perdido la conciencia.
He perdido hasta la dignidad.
Me hallo entre los pliegues de tu cuerpo
entre los dedos largos de tus manos.
Me tienes atrapada, no puedo escapar.
Quiero huir y olvidar todo aquello que prometí,
quiero dejar de ser fiel a lo que juré por ti.
Mas remordimientos aún me quedan
y éstos no cesan de su acecho,
pese a este amor que desvanecido
se ha de mi pecho.
Cada intento de alejarte se vuelve más inútil
confundes mis ideas, se merma mi frialdad,
no puedo escapar de tu amor fútil.
Si algún día fui hielo, me derrito hoy
en tu piel, en tu amenazante fuego.
Aléjame de ti, aléjate tú sin hablar,
no llores, pues me quiero escapar.
Persiguiendo hasta mis sueños,
eres Lucifer,
rompiendo a pedazos cada rincón
de mi ser.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
Una canción de amor.
Eres como esa canción de amor que escucho de vez en cuando con la que no me identifico, pero que sin embargo me gusta. Está ahí para enamorarme, pero sin ser mía, para hablar sin decirme nada, para sonar en mi reproductor con el volumen bajo, como con miedo a ser oída, a que alguien sepa que me cantas.
No explotas sobre las teclas de un piano, o de un saxofón; no rompes contra las cuerdas de una guitarra, o de un violín; ni resquebrajas el sonido arremetiendo contra los platos de una batería. Eres esa suave melodía que oigo de fondo, que me hace cerrar los ojos y no pensar en mi.
No explotas sobre las teclas de un piano, o de un saxofón; no rompes contra las cuerdas de una guitarra, o de un violín; ni resquebrajas el sonido arremetiendo contra los platos de una batería. Eres esa suave melodía que oigo de fondo, que me hace cerrar los ojos y no pensar en mi.
martes, 4 de diciembre de 2012
Aquel lugar que no quisimos recordar.
Solía creer, durante el tiempo de mi felicidad insólita, que aquello duraba para siempre, y que esos eran la clase de recuerdos que nunca iba a querer olvidar, los que contigo construía. Pensé que caminar sobre la arena o sobre las piedras no importaba mientras fuéramos de la mano, y que más tarde las heridas de mis pies no me dolerían, porque el amor las habría amortizado. Falso. Inocente de mi, me hice a la idea de que aquel lugar siempre me gustaría, ahí donde nos solíamos encontrar, que jamás guardaría rencor a nuestra canción, que nunca iba a apretar los dientes al oír tu nombre, por muy lejos que estuvieras algún día de mi vida. Falso. El amor es un flujo permanente de dolor y de alegría; es una noria, ahora estás arriba, pero dentro de un rato terminarás por descender de nuevo, rápido, temblorosa, con el viento arremetiendo contra tu piel. ¿y qué? No importa, para ello está la vida, esa lucha perenne de bueno y malo, ese enfrentamiento de contrarios, ese pedalear constantemente para encontrar una salida. Bien, pues para durante unos minutos aquí, dejando de pedalear, y fíjate un instante en lo que hay a tu alrededor. Y a mi alrededor hay, contiguamente, pasado, presente, y futuro. Futuro esperanzador, futuro que atormenta, que me empuja a seguir con ansias adelante, y que a veces me frena. Presente, ríe, llora, ama, sufre, disfruta; están pasando los minutos y no te das cuenta de que estás madurando, cual fruta a punto de caer de un árbol. Pasado... Aquel lugar que no quisimos recordar, en mi mente, ese rostro que en mi cabeza, ahora inerte, lucha por hacerme reír. Mientras tu te alejas yo grito "¡No te vayas!" pero es tarde para amar y esta noche nos separa.Te vas sin volver sobre tu espalda, y no me queda nada.

De nuevo el frío en mi cama, lucha codo a codo con mi calma, para vencer este desvelo que me atormenta y me aclama. Logro vencer en esta batalla, mas mi alma ya no calla, porque sabe que el pasado es una llave que abre cualquier herida, que enlaza una cicatriz con otra y acaba por romperme la vida.
No puedo, arráncame de mi cuerpo, es de nuevo ese lugar que no quisimos recordar. Es mi miedo quien se cuela por mi ventana, y aquí, en la intimidad de mi cama, la que comparte conmigo cada mañana, me amenaza con transportarme hasta ti, hasta donde pueda verte. Me arrastra como la marea arrastra los restos de un naufragio, y me lleva hasta el inmenso mundo de felicidad que es tu habitación, donde duermes, donde tú si puedes respirar. Donde a tu lado alguien arropa tu cuerpo, bajo una manta que os resguarda a ambos del frío, alguien que curó tu corazón muerto.
Se que perdí; se qué perdí.
No puedo, arráncame de mi cuerpo, es de nuevo ese lugar que no quisimos recordar. Es mi miedo quien se cuela por mi ventana, y aquí, en la intimidad de mi cama, la que comparte conmigo cada mañana, me amenaza con transportarme hasta ti, hasta donde pueda verte. Me arrastra como la marea arrastra los restos de un naufragio, y me lleva hasta el inmenso mundo de felicidad que es tu habitación, donde duermes, donde tú si puedes respirar. Donde a tu lado alguien arropa tu cuerpo, bajo una manta que os resguarda a ambos del frío, alguien que curó tu corazón muerto.
Se que perdí; se qué perdí.
lunes, 24 de septiembre de 2012
"My eternal Beloved"
Podáis entenderme, o no, ese amor fue creado para nosotros. Se escondía tras el vaho de los cristales, bajo los puentes agrietados en caminos de piedras, en casetas abandonadas en medio de un bosque lejano. Caminase a donde caminase, me perseguía, por más que intentaba huir de ello. Algunos me llamaban estúpida, otros me llamaban valiente, por escapar de un destino al que llamábamos "ni contigo, ni sin ti". Y era, aunque no podáis imaginarlo, exactamente eso; "ni con él, ni sin él" con él porque me mataban los celos, del aire, de las miradas ajenas, de los kilómetros, de sus noches en vela después de haberme ido yo a dormir... y sin él porque moría, moría de soledad, de tristeza, de necesidad de sus caricias, de ansias de tenerle, hambre de sus besos...
Era, exactamente un "ni contigo, ni sin ti" al que no encontrábamos remedio, un "ni contigo, ni sin ti" del que me cansé demasiado pronto, o demasiado tarde, ya no lo se.
Busqué su aroma en otro cuerpo, imaginé que eran suyas las caricias que venían de otras manos, puse fecha a un día en el que, pensando que él estaba entre mis labios, había otro que jamás debería haberlos deseado. Cerraba los ojos, atrapada entre dos piernas que no conocían tan bien mi silueta, como aquellas que mis muslos apretaban en la lejanía, sin poder si quiera rozarlos. Enredaba sus dedos en mi pelo, y yo, por un rato, dejé volar mi aliento creador, mi yo imaginativo, y lo traje de vuelta conmigo, en un cuerpo que no se asemejaba para nada a la perfección de este por el que escribo. Me enzarcé en una batalla campal de lengua contra lengua, de labios presionando otros labios, flujos salivales bailando en nuestras bocas. Su mano se apresuró a bajar por mi cintura, metiéndose entre mis piernas, y qué dulce gloria en el éxtasis de mi memoria, mientras pensaba que no era él, sino la razón de mi existencia, quien tocaba con arte una parte de mi cuerpo que era solo suya, y de más nadie.
Mas después de las equivocaciones se pagan las consecuencias, y yo tuve que abrir los ojos. Maldita la hora en la que vieron la luz mis párpados, maldito el momento en el que quise llorar por hallar mi cuerpo atrapado en un placer que no tenía razón de ser, por no ser él quien me lo otorgaba.
Olvidando el capítulo, salté de aquella fría cama, que por fría que fuera, era la mía, y corrí en su búsqueda, mirando a lado y lado de mi habitación, pensando que quizá lo había visto. En un segundo se me paró el corazón, le sentí cerca, oí su respiración. Un hecho fantasmal, un aire de otro color, un olor, una brisa... Una lágrima que caía al suelo desde ninguna parte. Y una daga en ese instante, atravesando mi contrito corazón frente a alguien que, en mi cama, me miraba con orgullo de varón.
Distancia, me pedía el cuerpo, acercamiento mi razón, y durante cinco días y cuatro noches, las que siguieron a aquella, en un vaivén de sensaciones no supe lo que era mejor. Pero llego el momento, el que tanto ansiaba por una parte, y por otra me colmaba de amargura. Había encontrado sus caricias, pero en mi más plena locura, y atándome de nuevo a la cordura le miré, aquella última noche de nuestro último beso en los labios, y susurré "quizá estaríamos mejor siendo amigos". Y aquello puso fin a mi aberración, aquello tatuó en mi pecho el nombre de mi único amor, mientras, caminando de vuelta a mi oscura habitación, pensaba en su piel y susurraba "my eternal beloved".
Era, exactamente un "ni contigo, ni sin ti" al que no encontrábamos remedio, un "ni contigo, ni sin ti" del que me cansé demasiado pronto, o demasiado tarde, ya no lo se.
Busqué su aroma en otro cuerpo, imaginé que eran suyas las caricias que venían de otras manos, puse fecha a un día en el que, pensando que él estaba entre mis labios, había otro que jamás debería haberlos deseado. Cerraba los ojos, atrapada entre dos piernas que no conocían tan bien mi silueta, como aquellas que mis muslos apretaban en la lejanía, sin poder si quiera rozarlos. Enredaba sus dedos en mi pelo, y yo, por un rato, dejé volar mi aliento creador, mi yo imaginativo, y lo traje de vuelta conmigo, en un cuerpo que no se asemejaba para nada a la perfección de este por el que escribo. Me enzarcé en una batalla campal de lengua contra lengua, de labios presionando otros labios, flujos salivales bailando en nuestras bocas. Su mano se apresuró a bajar por mi cintura, metiéndose entre mis piernas, y qué dulce gloria en el éxtasis de mi memoria, mientras pensaba que no era él, sino la razón de mi existencia, quien tocaba con arte una parte de mi cuerpo que era solo suya, y de más nadie.
Mas después de las equivocaciones se pagan las consecuencias, y yo tuve que abrir los ojos. Maldita la hora en la que vieron la luz mis párpados, maldito el momento en el que quise llorar por hallar mi cuerpo atrapado en un placer que no tenía razón de ser, por no ser él quien me lo otorgaba.
Olvidando el capítulo, salté de aquella fría cama, que por fría que fuera, era la mía, y corrí en su búsqueda, mirando a lado y lado de mi habitación, pensando que quizá lo había visto. En un segundo se me paró el corazón, le sentí cerca, oí su respiración. Un hecho fantasmal, un aire de otro color, un olor, una brisa... Una lágrima que caía al suelo desde ninguna parte. Y una daga en ese instante, atravesando mi contrito corazón frente a alguien que, en mi cama, me miraba con orgullo de varón.
Distancia, me pedía el cuerpo, acercamiento mi razón, y durante cinco días y cuatro noches, las que siguieron a aquella, en un vaivén de sensaciones no supe lo que era mejor. Pero llego el momento, el que tanto ansiaba por una parte, y por otra me colmaba de amargura. Había encontrado sus caricias, pero en mi más plena locura, y atándome de nuevo a la cordura le miré, aquella última noche de nuestro último beso en los labios, y susurré "quizá estaríamos mejor siendo amigos". Y aquello puso fin a mi aberración, aquello tatuó en mi pecho el nombre de mi único amor, mientras, caminando de vuelta a mi oscura habitación, pensaba en su piel y susurraba "my eternal beloved".
sábado, 25 de agosto de 2012
No estuviste entre mis brazos,
no pude besar tus labios.
No corrimos esa suerte de varios
no tuvimos oportunidad de amarnos.
El miedo pudo con tus ganas locas
sufrir conmigo como hiciste con otras,
no te imploré, no te rogué, no te lo pedí
como dijiste que hicieron otras, te oí.
Quise respetar tu deseo de salvarte
quise... sin acariciar tu cuerpo, amarte.
En silencio, en secreto, en la mejor penumbra
que seas algún día la luz que hoy no alumbra,
tenme en tus manos, toma de mi cuerpo
esto es todo lo que desesperada ofrezco.
Sinceramente, sabiendo que lo digo en vano,
quisiera que venciéramos juntos lo malo
contar contigo, que cuentes conmigo
sin condiciones, tal como te lo digo.
Mas tú temes de nuevo agrietar tu corazón
y dejas a su suerte, el amor, en poder de la razón.
no pude besar tus labios.
No corrimos esa suerte de varios
no tuvimos oportunidad de amarnos.
El miedo pudo con tus ganas locas
sufrir conmigo como hiciste con otras,
no te imploré, no te rogué, no te lo pedí
como dijiste que hicieron otras, te oí.
Quise respetar tu deseo de salvarte
quise... sin acariciar tu cuerpo, amarte.
En silencio, en secreto, en la mejor penumbra
que seas algún día la luz que hoy no alumbra,
tenme en tus manos, toma de mi cuerpo
esto es todo lo que desesperada ofrezco.
Sinceramente, sabiendo que lo digo en vano,
quisiera que venciéramos juntos lo malo
contar contigo, que cuentes conmigo
sin condiciones, tal como te lo digo.
Mas tú temes de nuevo agrietar tu corazón
y dejas a su suerte, el amor, en poder de la razón.
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